La soledad en verano puede doler más cuando sentimos que la vida de los demás está ocurriendo mientras la nuestra parece haberse detenido
Llega el verano.
Los días se hacen más largos, las terrazas se llenan, empiezan las vacaciones y las redes sociales se convierten en una sucesión de playas, viajes, cenas, festivales, piscinas y grupos de amigos sonriendo.
Y tú miras tu agenda.
No hay ese viaje que imaginabas.
No tienes tantos planes como te gustaría.
Quizá tus amistades están fuera, tienen pareja, hijos, otros grupos o simplemente sus vidas han tomado caminos diferentes.
Y aparece una sensación difícil de explicar.
No es exactamente aburrimiento.
Es algo más profundo.
Es sentir que todo el mundo está viviendo el verano que tú también querrías estar viviendo.
La soledad se siente diferente cuando parece que deberías estar disfrutando
Sentirse solo puede ocurrir en cualquier momento del año.
Pero el verano tiene algo particular.
Existe una especie de mandato invisible que nos dice que deberíamos estar disfrutando.
Deberíamos viajar.
Deberíamos tener planes.
Deberíamos salir.
Deberíamos estar rodeados de personas.
Y cuando nuestra realidad no se parece a esa imagen, la soledad puede hacerse mucho más evidente.
No solo echamos de menos compañía.
También empezamos a preguntarnos qué dice de nosotros el hecho de no tenerla.
“¿Por qué los demás tienen esa vida y yo no?”
Quizá una tarde abres Instagram.
Una amiga está en Cádiz.
Otra persona ha subido una foto de una cena con diez amigos.
Una pareja que conoces está viajando por Italia.
Y empiezas a comparar.
No comparas únicamente planes.
Comparas vidas.
Y aparecen pensamientos como:
«A todo el mundo le pasan cosas menos a mí.»
«No tengo suficientes amigos.»
«Nadie piensa en mí para hacer planes.»
«Algo estaré haciendo mal.»
«Mi vida debería ser diferente.»
Y entonces ocurre algo importante.
La soledad deja de ser una circunstancia y empieza a convertirse en un juicio sobre ti.
No es lo mismo estar solo que sentirse solo
Puedes estar rodeado de personas y sentir una enorme soledad.
Y puedes pasar una tarde sin compañía y sentirte profundamente en paz.
Por eso, muchas veces, el problema no es simplemente la cantidad de planes que tenemos.
Es cómo estamos viviendo nuestra relación con los demás y con nosotros mismos.
Hay personas con una agenda llena que sienten que nadie las conoce realmente.
Y otras que atraviesan momentos en los que su círculo social ha cambiado: una separación, una mudanza, amistades que se han distanciado, hijos que han crecido, cambios laborales o simplemente etapas vitales diferentes.
La vida cambia.
Y nuestras relaciones también.
A veces la soledad nos habla de algo que necesitamos
Imaginemos a alguien que llega a terapia diciendo:
«Este verano me he dado cuenta de que estoy muy sola.»
Quizá inicialmente piense que el problema es sencillo: necesita hacer más planes.
Pero cuando empieza a hablar aparecen otras cosas.
Hace años que acepta relaciones que no le satisfacen por miedo a quedarse sola.
Le cuesta proponer planes porque teme recibir un no.
Espera que sean los demás quienes la llamen porque hacerlo ella le hace sentirse vulnerable.
Hace tiempo que quiere conocer gente nueva, pero siempre encuentra una razón para posponerlo.
O quizá descubre algo todavía más profundo:
lleva tanto tiempo pendiente de los demás que nunca ha aprendido a disfrutar de su propia compañía.
Entonces la pregunta empieza a cambiar.
Ya no es únicamente:
«¿Por qué estoy sola?»
Sino:
“¿Qué tipo de relaciones quiero construir en mi vida?”
La terapia no puede llenar tu agenda, pero sí ayudarte a entender lo que hay detrás
Ir a terapia no significa que automáticamente aparecerán nuevos amigos, una pareja o planes para cada fin de semana.
La terapia no funciona así.
Pero sí puede ayudarte a mirar qué ocurre alrededor de esa soledad.
Quizá exista miedo al rechazo.
Dificultad para tomar la iniciativa.
Experiencias anteriores que hicieron que dejaras de confiar.
Una autoestima frágil que te lleva a pensar que los demás no estarán interesados en conocerte.
O una tendencia a permanecer en relaciones que ya no te hacen bien simplemente porque la alternativa —estar solo— parece demasiado dolorosa.
Comprender todo esto puede empezar a cambiar la manera en la que te relacionas.
Y poco a poco empiezan a ocurrir cosas
Quizá un día propones tú el plan en lugar de esperar a que alguien lo haga.
Otro día te apuntas a esa actividad que llevabas meses mirando.
Recuperas el contacto con alguien a quien echabas de menos.
Te permites conocer personas nuevas sin exigir que inmediatamente se conviertan en grandes amistades.
Empiezas a decir que no a vínculos en los que siempre te sientes en segundo plano.
Y también ocurre algo aparentemente pequeño, pero profundamente importante.
Una tarde no tienes ningún plan.
Y en lugar de pensar:
«Qué triste que nadie me haya llamado»
empiezas a preguntarte:
«¿Qué me apetecería hacer hoy?»
Aprender a estar contigo no significa resignarte a estar solo
A veces se confunde aprender a disfrutar de la propia compañía con conformarse con la soledad.
No es eso.
Necesitamos vínculos.
Necesitamos sentir pertenencia, intimidad, conversación, afecto y compañía.
Pero cuando dejamos de vivir la soledad como una prueba de que hay algo malo en nosotros, podemos empezar a construir relaciones desde un lugar diferente.
No desde la desesperación por no estar solos.
Sino desde el deseo de compartir nuestra vida con personas con las que realmente queremos estar.
Quizá tu verano no tenga que parecerse al de los demás
Puede que este año no tengas el viaje que imaginabas.
Quizá haya fines de semana sin grandes planes.
Quizá tu verano sea mucho más tranquilo que el que ves en las redes sociales.
Pero una vida valiosa no se mide por el número de fotografías que podrías subir de ella.
A veces una etapa aparentemente vacía también puede convertirse en un momento para preguntarnos qué queremos construir.
Qué personas queremos cerca.
Qué relaciones queremos cuidar.
Y, sobre todo, qué relación queremos empezar a tener con nosotros mismos.
¿Has sentido que este artículo habla de ti?
Si la soledad está ocupando demasiado espacio en tu vida, quizá no necesites simplemente “hacer más planes”.
Puede ser un buen momento para comprender qué hay detrás de ella.
En el Centro Alara podemos acompañarte a explorar cómo te relacionas, qué necesitas de tus vínculos, qué dificultades aparecen cuando intentas acercarte a los demás y cómo construir relaciones más satisfactorias sin olvidarte de ti.
La terapia no consiste en enseñarte a no necesitar a nadie.
Consiste también en ayudarte a relacionarte desde un lugar más seguro, más libre y más conectado con lo que realmente necesitas.